• Así suelen acabar las grandes historias. Lo nuestro ha sido, sin duda, ¨un peniculón¨, como diría mi madre.

    Ahora toca pagar la T-10, ver telebasura, echar a los chorizos que gobiernan, lidiar con la crisis... En fin, qué os voy a contar... retos que habrá que ir superando cada día con un poquito de esfuerzo. Nada que influya en las ganas que tenemos de veros y contaros lo que no se puede decir por escrito.

    Lo jodido va a ser cargarlo todo. Necesitaremos muchas cajas para poder transportar un buen puñado de recuerdos, aventuras, sabores, lecciones, nuevos amigos... A veces pienso que sería más fácil echar marcha atrás y rememorar algunos de esos instantes. Pero hay que mirar hacia el futuro, vivir del pasado es de losers. 

    De todas formas, imaginad por un segundo que pudierais volver a vibrar con aquel concierto, o enloquecer con aquella final, o regresar al día en que, bajo los efectos de la fiesta, se os ocurrió la brillante idea de robar las macetas que adornaban los balcones de cada pueblo por el que pasabais... Joder, qué risas... Y si además de revivir esos momentos pudierais seguir con vuestras vidas sin perder nada de lo que el tiempo os ha dado ya sería la hostia ¿no? Es algo así como ir marcha atrás pero avanzando. No sé si me explico...




  • Barbacoas, paellas, puestas de sol, piscinita, playas de ensueño, fiestas del pueblo, ciudades de película, conciertos y un montón de buenos recuerdos que seguro os lleváis de estas vacaciones. Estaba mirando vuestras fotos en Facebook y me corroía la envidia viendo cómo lo pasabais. ¿Y mientras tanto qué hacía yo? Pues me recuperaba de un extraño trastorno del sueño. Al parecer nada grave. El doctor me dijo que no era más que el resultado del estrés de un viaje ajetreado, que pronto podría volver a dormir como un bebé y que no había nada de qué preocuparse, sólo debía relajarme. De todas formas, para despejar cualquier duda, me sometí a una especie de resonancia magnética cerebral.

    A los pocos minutos de entrar en el scanner empecé a recordar...

    Caminaba por un cerro. Estaba rodeado de montañas que se elevaban hasta cielo. El ambiente era húmedo, me pesaban las piernas y me costaba respirar. Iba cargado con una tienda de campaña y comida para varios días. Agotado, decidí acampar. Creo que estaba a medio camino de mi destino. Sólo dos días más y habría llegado a Hampta Pass, a 4270 m de altitud. De ahí a Chatru y autobús hasta Kaza, en el Valle de Spiti.

    Cayó la noche. Me desperté por la mañana en medio de una intensa niebla. No se veía el camino, era imposible hacer fuego, toda mi ropa estaba mojada y hacía frío, así que tuve que quedarme en el mismo sitio, ni siquiera desmonté la tienda. Al día siguiente más niebla y más lluvia. Ni Hampta Pass ni Chatru ni nada. Deshice el camino y vuelta al principio.


    - Tenemos algo -dijo el médico- Creo que el trastorno es consecuencia de la frustración. No conseguiste alcanzar tus objetivos y te echaste atrás.
    - Nada de eso -dije- Si los objetivos no se consiguen a la primera quizá haya que elegir otro camino. 
    - Bien, entonces intentémoslo de nuevo. Cierra los ojos y procura relajarte.

    Iba sentado en la parte trasera de un Jeep junto con otros siete ocupantes. El conductor me transmitía bastante confianza a pesar de sus adelantamientos innecesarios. Después de unas horas de viaje el paisaje empezó a tornarse árido y polvoriento. Los pinos se convirtieron en rocas y el marrón sustituyó al verde. La carretera empezó a estrecharse y el precipicio a hacerse más profundo. De pronto un camión de frente. ¡No hay sitio por donde pasar! El Jeep apuró demasiado el borde de la carretera y empezaron los desprendimientos. Veía cómo las piedras caían barranco abajo, sin fin. Me faltaba el aire. Podía escuchar mi corazón palpitar. ¡Nos vamos a matar!


    - Despierta. Despierta -una voz grave y relajada- Me levanté de un salto y vi a un tipo de unos sesenta vestido con una especie de túnica naranja, pelo recogido, barba de varios años y gafas de sol en la cabeza. 
    - ¿Quién eres tú?- Pregunté.
    - Soy Sidhu Baba. Has venido a verme. 
    - ¿Cómo? Yo vine a ver al médico.
    - Yo soy el médico. Todo lo demás es parte del viaje -me decía pausado mientras fumaba su charas- Ahora coge aire, cierra los ojos y llega a tu destino.

    Pegaditos al camión logramos pasar por el estrecho camino. Atravesamos cascadas que invadían la carretera en forma de riachuelo, bordeamos enormes bloques de hielo y nos encallamos en el lodo varias veces.  Parecía imposible pero conseguimos llegar a Kaza, en el Valle de Spiti.

    Ahora sueño con pueblos esparcidos por las montañas, como si una mano gigante los hubiese repartido aleatoriamente, como quien sazona la ensalada; sueño con templos budistas, con rostros asiáticos quemados por el sol y campesinos que me invitan a su casa a tomar té. He vuelto a dormir como un bebé.




    GLOSARIO
    Baba: maestro espiritual indio.
    Charas: hachís elaborado a mano en India y Pakistán.

  • Sonará a tópico, pero en verano toca relajarse y olvidarse del curro, tanto si se tiene como si no. El verano siempre mola, es diferente. Cualquier lugar es bueno, algunos eligen la playa, otros la montaña, otros se quedan donde están… En todos lados se está bien, supongo que lo suyo es cambiar los hábitos.

    A mí me tira el campo. Me va. Cuando vas al campo es como si las vacaciones fuesen más largas, aunque siempre acaben haciéndose cortas.

    Yo antes decía que las vacaciones comienzan con el viaje, con la ilusión de llegar. En cierto modo lo sigo pensando, pero creo que las vacaciones buenas, las de verdad, empiezan cuando te bajas del coche y aspiras todo el aire que tus pulmones pueden almacenar. Hay nervios. Pero ese aire fresco y puro huele a vacaciones. De verdad. En el campo.

    El año pasado no fui al campo en verano. Este año tampoco. Pero he ido a la montaña, que se parece. Esta vez mis vacaciones no han empezado con un viaje «manda huevos».

    Mientras subíamos iban desapareciendo los coches, los rikshaws, el tráfico, el humo, la basura, la gente, el jaleo. Ahora hay pinos y niebla y la comida es variada. Hay verdura fresca y se puede probar el pollo y la cabra sin temor a pillar salmonelosis. Qué cosas tiene la montaña… hasta se puede elegir entre platos indios, tibetanos e israelíes. Cojonudo.

    ¡Ah, sí! Lo de los israelíes. Creo que les atrae lo de las hierbas y parece que se han montado aquí su pequeña tierra santa. Incluso los menús de algunos bares están en hebreo.





    Como decía, la estación de vacaciones ha caído. A mí me ha tocado en MacLeod Ganj, a unos 2000 m de altitud, en el estado de Himachal Pradesh. Dicen que aquí vive el Dalai Lama cuando no está de viaje. Nosotros no lo hemos conocido personalmente, pero si tenéis ocasión de escuchar alguno de sus discursos por la tele no os lo perdáis, fliparéis con la lógica aplastante de sus reflexiones, a veces evidencias casi ridículas que te dejan con cara de coño-claro.


    El hombre llegó aquí en 1959, cuando China ya había iniciado la llamada “Revolución Cultural”, cuyo objetivo era acabar con cualquier símbolo de tradición tibetana, incluida la lengua, por lo que muchos hubieron de exiliarse al norte de India para no ser asesinados. A día de hoy sigue sin existir la libertad de expresión, ni religiosa ni de ningún tipo, hasta el punto en que se censuran o se eliminan palabras del diccionario chino, como por ejemplo “Tíbet”. Si habéis leído algo de George Orwell comprenderéis que esta es una de esas situaciones en las que la realidad supera la ficción.





    Pero bueno, a lo que iba. Las vacaciones. Tiempo para hacer algo diferente, cambiar la rutina.

    De entre la variada oferta hippy de la zona (yoga, masaje Ayurvédico, medicina natural...) hay algo que me llama la atención: Vipassana.

    No es ningún deporte de riesgo ni nada de eso. Se trata de un método de meditación que consiste en encerrarse en un centro durante diez días, sin hablar, comiendo solo lo que el cuerpo necesita y sin posibilidad de contacto con el exterior (mi madre seguirá pensando que es una secta).

    Yo creo que se trata de un ejercicio mental, una prueba. Pero es verano y también toca relajarse, así que nada de ejercicios.

    Mejor aspiro todo el aire que mis pulmones puedan almacenar. Esta vez sin nervios. Pero ese aire fresco y puro también huele a vacaciones. De verano. En la montaña.



  • Viajar por la India y no dedicar un post a la religión sería como enseñar doctrina católica en la escuela pública, vamos, un sinsentido. Así que intentaré hacer un pequeño repaso de lo visto hasta ahora en los lugares más místicos. ¡Que Dios me pille confesado!


    Varanasi, situada en el estado de Uttar Pradesh, es una las siete ciudades sagradas del Hinduismo y una de las más antiguas de todo el mundo. Es considerada la ciudad de Shiva y recibe cada año a millones de peregrinos.

    Al principio impresiona bastante la concepción que se tiene de la muerte. Los cuerpos de los fallecidos se incineran junto al río en un clima de tranquilidad y total aceptación, sin llantos ni dramatismo. De acuerdo con la religión hindú, quien muere o es incinerado en Varanasi consigue liberarse del continuo ciclo de la reencarnación, logrando así el nirvana. 

    Otro punto clave es Pushkar, en Rajastán, y los hindúes devotos deben visitarla al menos una vez en la vida. Es una ciudad tranquila y bastante turística. Allí se encuentra el único templo dedicado a Brahma en todo el mundo.

    Aún no he podido visitar todos los lugares sagrados, ni persigo tal objetivo, pero ya puedo empezar a hacerme una idea general de esta religión politeísta. No hay más que hablar con la gente para ir enterándose poco a poco, a pesar de los cacaos mentales que tienen algunos. Y no me extraña.

    En cuanto a las otras religiones, los musulmanes formarían el segundo grupo más numeroso y, por lo que he podido extraer de mis charlas con hindúes, conviven y se respetan, pero diría que no se mezclan demasiado. Su presencia destaca en Jodhpur, donde los rezos resuenan con fuerza a través de altavoces repartidos por la ciudad. Y del Cristianismo paso de hablar, que está ya más sobado que las obleas.

    En cualquier caso, si me preguntan en qué lugar de los que he visitado hasta ahora se respira más espiritualidad, sin duda me quedo con Amritsar, donde predomina el Sijismo.

    Amritsar está situada al norte del estado de Punyab y a solo unos treinta kilómetros de Pakistán. La ciudad es bastante fea, sus calles no están más limpias que en otras zonas del país, caminar no es especialmente agradable y el ruido constante de bocinas pone a prueba los nervios de cualquiera. Pero el Templo de Oro, construido en el siglo XVI por el cuarto gurú Ram Das y su hijo Arjun Dev, es un oasis en medio del caos, donde los fieles al Sijismo caminan despacio, rezan, hacen sus ofrendas y, sobre todo, preguntan, no solo de dónde vienes sino cuál es tu deporte favorito. Además se ofrecen a salir en las fotos, da igual de quien sea la cámara, lo importante es que ese momento de conversación con alguien de otro mundo quede registrado. A veces no hay mucho de qué hablar, o no es posible, pues con mis dos palabras en hindi y mi absoluta ignorancia del punyabí me pierdo bastantes cosas. Y el inglés, aunque básico, no es tan internacional como pensamos, así que no queda otra que sentarse frente al estanque y disfrutar del entorno y la compañía que ofrecen los peregrinos, intentando entender rápidamente cuál es el principio básico de esta religión antes de continuar mi camino hacia Dharamshala, en el norte, donde hay mayoría budista. ¡Joder, qué follón!


    Glosario
    Faltaría hablar del Jainismo (muy importante en la India) y el Zoroastrianismo (una de las más antiguas), pero no tengo información suficiente. Menos mal que aún no han llegado gilipolleces como la Cienciología. Tiempo al tiempo…
  • - Hello, my friend! Where are you from?
    Spain.
    - ¡Oh España! ¡Qué bonito! Hola, hola, Coca Cola. Mira, mira, Kashemira. ¿De qué ciudad? ¿Barcelona, Madrid, Bilbao…?
    Barcelona.
    - ¡Qué bien! El año que viene yo voy de Barcelona.
    - ¿Ah sí? ¿Por qué?
    - Voy de visitar de mi tío/de mi amigo/de mi primo/de mi novia…

    Después vendría lo del "cómo te llamas". Que sepáis que hay mucho Enrique Iglesias indio.

    Si ya habéis estado por aquí este diálogo os resultará más que familiar. Y si tenéis pensado venir empezad a preparar vuestras respuestas para disfrutar de un viaje más sosegado. Y divertido.

    Al principio todo son sonrisas y buenas maneras. Uno se para a hablar con cada vendedor. Además yo soy de los que escucha las ofertas. He trabajado de comercial muchas veces y siempre he creído que tenía algo bueno que aportar, por lo que he pedido que me escuchen antes de tomar una decisión. Pero la India es diferente. Acabas hasta las pelotas. Es una lástima porque realmente hay gente que solo quiere hablar, conocerte, compartir. De hecho me atrevo a decir que tengo más cosas en común con los indios que con algunos europeos. Pero cuesta. Mucho. Cuesta porque cuando te llevas unas cuantas hostias te pones tenso y quieres evitar cualquier tipo de intercambio cultural, aunque ello implique meter a 1.400 millones de personas en el mismo saco. Incluidos los vendedores sonrientes con familiares en Barcelona.


    ¡1.400 millones! Y me pregunto dónde estarán las mujeres mientras sus maridos se ponen cachondos cuando ven pasar a alguna occidental por la calle. Supongo que en casa pariendo, no hay tiempo que perder…

    Ya son varios los viajeros que me dicen que acabarían con el problema de la superpoblación mundial con una bomba nuclear. Son los mismos que declaran estar enamorados de este país y de sus gentes. Contradictorio ¿no? Por suerte yo aún no me he planteado lo del ataque terrorista y sigo creyendo en la educación como base para construir una sociedad justa y responsable. Tiempo al tiempo…

    ¿Pero por qué hablar de lo malo? Aún es pronto para despotricar. Y la India tiene mucho bueno. Más allá de los maleducados, los no-educados, los imbéciles y los enfermos, están las personas que dan, regalan, ofrecen y sorprenden a cambio de absolutamente nada. Personas que te llevan al cine a ver una película de tres horas y pico y no se cansan de traducirte los diálogos del hindi al inglés, o capaces de montar una fiesta de cumpleaños con pastel y velas, aunque te conozcan desde hace dos días. Tranquilos, no os habéis olvidado. En realidad no ha sido mi cumpleaños sino el de alguien muy especial con quien viajo desde hace algún tiempo.


    La India es un país de contrastes y eso no se puede cambiar. Pero se puede buscar el matiz. Por eso cuando me pregunten diré que soy de Surinam, quizá así encuentre el tono.  Y de paso haré que el viaje sea más sosegado. Y divertido.


    Glosario
    ¿Por qué Surinam? ¡Yo qué sé! Creo que será la respuesta más rara que oigan en su vida…







  • Conocimos en un tren a una estudiante de hindi. Nos contaba con emoción que el emperador musulmán Shah Jahan mandó cortar las manos de los obreros que trabajaron en la construcción del Taj Mahal. De tal manera no podrían volver a crear algo tan bello. Era el tiempo en que se hacían mausoleos por amor.

    Otro día y en un tren distinto un señor nos explicaba que el fuerte que estábamos viendo por la ventana era el más grande de la India. -"El fuerte de Chittorgarh fue construido en el siglo VII sobre una colina de 180 metros y mide casi tres kilómetros.  Fue asediado hasta tres veces entre los siglos XV y XVI".- Mientras lo contaba me transporté al tiempo en que los hombres luchaban por el poder, la tierra, la religión y el honor. Poco parecen haber cambiado las cosas... bueno, igual lo del honor nos la pela un poco más...  

    Cuentan que existió un Maharana, de la casta de guerreros Rajput, que con su espada partió en dos a un enemigo y su caballo juntos. Se dice que durante la batalla de Haldighati luchó de forma heroica contra el poderoso ejército mogol, pero hubo de retirarse al verse superado en número de efectivos y artillería. Su fiel corcel, de nombre Chetak, estando malherido de una de sus patas, sacrificó su vida saltando al otro lado del río para poner a salvo al Maharana.


    La historia de la India se lee, se mira, se pisa, se huele, se visita, se contempla, se masca, se fuma, se bebe, se saborea, se escucha y, sobre todo, se cuenta. A día de hoy la leyenda de Maharana Pratap no sólo está pintada en miniatura sobre tapetes de seda o láminas de hueso de camello, las gentes de Udaipur, los artistas, los comerciantes, los estudiantes, la narran con la emoción y la certeza de que cada capítulo es un hecho real. Yo he visto el fuerte de Chittorgarh, la ciudad azul de Jodhpur y el Palacio de Udaipur, y no me atrevo a decir qué es historia y qué es leyenda. 

    Cuentan que en Jaisalmer había un camello volador, y que quien lograba verlo gozaba de buena salud y fortuna.





    GLOSARIO
    Maharana: Maharaja, rey.
    Imperio mogol: estado islámico del subcontinente indio que existió entre los siglos XVI y XIX.
  • Pushkar es una ciudad sagrada del estado de Rajastán, aunque decir que es sagrada no tiene demasiado misterio. ¿Qué rincón no lo es en la India?

    Hay un montón de peregrinos que vienen desde lejos a tomar un baño en el lago y, como en todo el mundo, hay mucho devoto pero también mucho listillo que se empeña en bendecirte a ti y tu familia a cambio de una donación, si es en euros mejor que en rupias.
    Después de explicarme cómo tener buen karma y de darme la brasa durante media hora acepté ser bendecido por aquel macarrilla que lucía pendientes de oro. Bueno, va, acabemos con esta farsa y me dejas en paz.

    El ritual consistía en repetir las oraciones que el tipo iba diciendo. Era algo así:

    - Brahma, yo te ofrezco este coco.
    - Y te pido...
    - Brahma, yo te ofrezco estos pétalos de rosa.
    Y te pido...
    - Brahma, yo te ofrezco... -y aquí hizo un inciso para preguntarme qué cantidad iba a ofrecer a Brahma. Para orientarme un poco, me explicó que los europeos suelen dar unos cinco o diez euros por cada miembro de la familia, los americanos unos diez dólares y los indios unas cien o doscientas rupias. Gracias por la información, pensé. Ahora ya podíamos continuar con el ritual.-
    - Brahma, yo te pido salud para mi familia.
    - Y te ofrezco cinco rupias...

    ¡Menuda cara de puteo la del sacerdote! Por lo visto cinco rupias no era cantidad suficiente para tener buen karma.

    Desde entonces camino descalzo por los ghats y disfruto de la paz del lago, interrumpida sólo por la música de los tambores y la magia de las campanas, dejándome llevar por el misticismo del entorno y procurando que los macarrilas de Shiva no me toquen la moral. También intento elegir bien a quién donar y cómo, equivocándome infinitas veces y arriesgándome a no tener buen karma.

    GLOSARIO
    Ghat: escalinata o graderío que conduce hasta un río, un lago, un estanque o una piscina.

  • Voy sentado en el mugriento suelo de un vagón de tren. Me tapo la nariz con la mano derecha, que huele a curry, para camuflar el intenso hedor a pis. Estoy encajado en un pasillo de medio metro, en una posición que ni los gurús del yoga intentarían, mientras veo como caen en mi pantalón gotas de agua cada vez que alguien sale del lavabo y se moja los dedos en la pila que tengo justo delante. ¡Joder, qué calor, cuánta mierda y cuántos mosquitos! Maldita la hora en la que nos equivocamos de tren. Se suponía que habría una cama para cada uno. Nos habían dicho que en la sleeping class se viajaba bien. ¿Bien para qué? ¿Para poner a prueba tu sistema inmunológico? Bueno, por lo menos no nos han cobrado la diferencia de precio del billete... 

    Si es que hay que ser primo. Aunque a mí me gusta llamarlo aventura. Desde Varanasi había que ir a Khajuraho a ver lo del kamasutra y resulta que nos hemos metido en el tren hacia Agra. Lo dicho, aventura... Pues nada, nos comemos unas cuantas horas más, de pie, y vamos a ver el Taj Mahal antes de lo previsto.

    Por fin consigo olvidarme de los meados, de lo larga que va a ser la noche y de la gente que se amontona en los pasillos en busca de un trocito de suelo donde apoyar el culo. Hago balance de lo vivido en esta primera semana en la India y flipo con lo que me queda por delante. Hasta ahora sólo puedo contaros lo que ya sabéis: que si un taxi en Calcuta es como ir de rally, que si la miseria, que si los rituales de Varanasi, que cómo puede ser que la gente se bañe en el Ganges, que si vacas por la calle, que si la religión, que tal que cual...

    Esto promete...



  • Hay viajeros que quieren ser los más genuinos, los más desafiantes, los más integrados. Son esos viajeros que no tienen miedo a probar sabores nuevos, que no quieren oír hablar de hamburguesas o pizzas, que ponen en peligro su vida con tal de añadir una nueva experiencia a su cuaderno de bitácora. Son los auténticos viajeros, temerosos de que les hablen en su lengua materna o les cobren de más en el taxi, que utilizan el transporte público en lugar del autobús VIP y que se angustian si les llaman guiris, gringos o farang. El auténtico viajero quiere pasar desapercibido, no importa que su piel sea lechosa y sus ojos claros, ni que vaya siempre con sandalias, vista como un new hippy o como el mismísimo coronel Tapioca.  

    Yo llegué a ser un auténtico viajero... 


    Después de haber probado las tripas hervidas en Hong Kong y no encontrar explicación a tal éxito, después de dormir rodeado de cucarachas en un hediondo autobús de China, vacunarme contra la hepatitis en Vietnam arriesgándome a que me inyectaran agua con azúcar (hay mucho tramposo suelto), hospedarme en un lupanar de Camboya, cambiar una rueda de autobús en Laos y sobrevivir a los tuc tuc de Bangkok, creo que empieza a ser hora de hacer cosas normales. Me voy a la India a encontrar la paz. En pleno Monzón...

    Pero antes podría ir a ver un combate de muay thai...

    Vaya, no me lo puedo permitir, el precio de las entradas para los farang es cinco veces mayor. Mejor me voy a cenar con mi viejo amigo Jax.


    GLOSARIO
    New hippy: hippy de postal.
    Farang: extranjero, guiri.
    Muai Thai: boxeo tailandés.

  • Eran las cuatro de la mañana cuando Campanilla entró por la ventana y me despertó gritándome al oído. Estaba histérica. Hablaba tan rápido que casi no podía entenderla. Hice un esfuerzo sobrehumano para abrir los ojos e intenté tranquilizarla, pero me agarró del brazo y me arrastró hacia la puerta. No paraba de repetir algo sobre el movimiento de progresión. Yo no entendía nada. Medio sonámbulo y con los ojos legañosos me dejé llevar.

    A los diez minutos de sobrevolar las montañas me percaté de que ni siquiera me había quitado el pijama. A esas horas no había mucho tráfico aéreo, pero aún así no me libré de las bromas de los más madrugadores…

    - ¿Adónde vamos?- pregunté ya sin bostezos.
    - A ver a Peter. Está preocupado por el movimiento de progresión.

    La respuesta me dejó igual, así que no insistí, esperaría a ver a Peter para que me lo explicara tranquilamente.

    Llegamos a una cabaña cerca del río. La señora Pan estaba tejiendo un pañuelo de colores.

    - Buenos días señora Pan. ¿Cómo está Peter?
    - ¡Madre del amor hermoso! ¡Qué bien que estéis aquí! Pasad, pasad. Está muy raro. Últimamente no hace más que repetir lo del movimiento de progresión. Desde que compramos la parabólica se pasa las horas ahí enganchado, sin salir. Se traga las noticias de los 400 canales y luego grita no sé qué del movimiento de progresión, caminando de una esquina a otra. A ver si a vosotros os cuenta algo. ¿Cómo queréis los huevos, fritos o revueltos?

    Entré despacio en la habitación de Peter, procurando no perturbarlo más de lo que estaba. Campanilla se quedó afuera. Peter daba pena, tenía las ojeras negras y profundas y no paraba de temblar.
    - ¿Pero qué pasa loco?
    - ¡El movimiento de progresión tío, el movimiento de progresión, el maldito movimiento de progresión!
    - Ya bueno, el movimiento de progresión. No te sigo.
    - ¿Es que no te has dado cuenta? Desde que llegó la electricidad a la tierra de los niños las cosas han cambiado. No hay hospitales ni escuelas pero hay cajeros automáticos, Internet... ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Videojuegos? ¿Realidad virtual? ¿El IPhone?
    - Tranquilo Peter. El progreso es algo bueno.
    - ¿Estás loco? Lo que tú llamas ‘progreso’ nos convertirá en zombies de una sociedad dominada por maquinoides. ¿Acaso no me ves? ¡Estoy atrapado a la tele!
    - Vamos a pescar y me lo cuentas todo. Te vendrá bien un poco de aire.

    De camino al río Peter empezó a hablar despacio, didáctico, como un maestro. Parecía él de nuevo:

    - El movimiento de progresión es el recorrido que realiza el tiempo sobre el tiempo.
    - ¿Cómo?
    - El tiempo es una constante ¿verdad?
    - … Sí, eso creo…
    - Pues no, no exactamente. El tiempo es variable y constante a la vez, y viaja sobre el plano temporal permanente. Lo del continuo espacio-temporal no es del todo cierto, nadie habla del continuo tiempo-temporal ni de lo rápido que va ¿Me sigues? 
    - ...mmm… ni de lejos…  
    - De acuerdo, te pondré un ejemplo. Cuando se dice que los tiempos están cambiando se está haciendo una metáfora. El tiempo siempre avanza, lo que supuestamente cambia es el entorno, el espacio. Ocurre que en estos momentos el tiempo progresivo está avanzando demasiado rápido, mucho más que el tiempo permanente, y eso provoca cambios negativos en el espacio, transformaciones que deberían darse dentro de cuarenta o cincuenta años.
    - ¿Y cuál es el problema?
    - El problema es que no podemos llegar al futuro sin pasar por el presente. No se puede correr sin aprender a caminar, ni se puede sumar sin saber contar, ni volar sin imaginar…
    - Vale, vale, creo haberte entendido. ¿Pero existe alguna manera de cambiar el movimiento de…? ¿Cómo dices que se llama?
    - Movimiento de progresión. Se puede hacer que el tiempo permanente vaya más despacio, pero no podemos hacer nada contra el tiempo progresivo.
    - mmm… bien… ¿y cuál es el plan para ralentizar el tiempo permanente?

    Y apareció Campanilla…

    - La única manera de detener el tiempo permanente es congelándolo con un sistema de numeración posicional vigesimal.
    ¡No me miréis así, me lo dijo el árbol de los sueños! También me dijo que lo veríamos escrito en la Roca Madre. Creo que deberíamos ir.

    Dicho y hecho. Cogimos un poco de arroz pegajoso, un par de piñas y, sin estar muy seguro de lo que íbamos a buscar, eché a volar detrás de Campanilla y Peter. A veces se ponían nerviosos porque me tenían que esperar, lo de los giros aún no lo domino, pero llegamos a la Roca Madre bastante rápido. Lo complicado fue encontrar el sistema de numeración posicional vigesimal. No había nada que pareciese un número, o un sistema, o algo para detener el tiempo.

    Se hizo tarde, así que pasamos la noche en el bosque.

    Creo que no llevaba ni dos horas dormido cuando Campanilla volvió a gritarme al oído:

    - ¡Despierta! ¡Peter ha desaparecido!
    - ¿Cómo?
    - ¡Sí! ¡no está! ¡Se fue! ¡se lo llevaron!
    - Tranquila, seguro que le dio un apretón.
    - ¡No! ¡Hace ya media hora! Me desperté por los grillos y ya no estaba. Lo he buscado pero no hay ni rastro de él. ¿Le habrá pasado algo?
    - No llores, lo vamos a encontrar.

    Creímos que desde el aire sería más fácil dar con él, pero todo el bosque es igual, sin referencias, sobre todo de noche, así que lo intentamos por tierra. Caminamos en dirección norte como podíamos haberlo hecho hacia el sur, contando los árboles que íbamos viendo para no buscar dos veces en el mismo lugar.  A los pocos minutos nos llamó la atención una marca en un árbol, como de pintura, y en el tronco un gecko que gorjeó cinco veces seguidas. No le dimos importancia hasta que al rato vimos otra marca en otro árbol. En el tronco había otro gecko que gorjeó otras cinco veces. En ese momento Campanilla me miró y me dijo que deberíamos volver al punto de partida. – Está loca- pensé. Según ella teníamos que contar los árboles que había entre cada árbol señalizado, que creía saber cómo encontrar a Peter y algo más. Vuelta al principio, 67 árboles hacia atrás y a calcular la distancia entre uno y otro.

    Desde que empezamos a caminar hasta llegar al primer árbol marcado había 22 árboles y un gecko que gorjeaba 5 veces. Desde el primer árbol con señal al segundo había 45 árboles y un gecko que también gorjeaba 5 veces. Desde el segundo árbol marcado al tercero 28 árboles y un gecko que gorjeó 6 veces. Desde el tercer árbol señalizado al cuarto 49 árboles y un gecko que gorjeó hasta 7 veces. Y desde el cuarto árbol marcado al quinto había 29 árboles más y no había gecko, sólo un trozo de tiza en el suelo. Campanilla creía haber encontrado el sistema de numeración posicional vigesimal:

    22
    5
    45
    5
    28
    6
    49
    7
    29

    Cogí el trozó de tiza y fuimos corriendo hasta la Roca Madre. Una vez allí empecé a escribir los números en vertical. Nada sucedió. Probamos en horizontal y esperamos. El mismo resultado, absolutamente nada. Ahí Campanilla cayó en cuenta: -¡Espera, es un sistema vigesimal, prueba esto!:

    (20∑2)(5)(2x20∑5)(5)(20∑8)(6)(2x20∑9)(7)(20∑9)  

    Pero tampoco ocurrió nada de nada. Campanilla, desesperada, dijo algo importante: -No podemos luchar contra el tiempo y no sabemos dónde está Peter.-  Entonces se me ocurrió que los números podían estar desordenados. Si se trataba de ralentizar el tiempo, quizá deberían ir en sentido descendente:

    (2x20∑9)(2x20∑5)(20∑9)(20∑8)(20∑2)(7)(6)(5)(5)

    ¡BINGO!

    Sobre la roca apareció una inscripción:


    5/2x20∑5﷽﷽imal pruebaotro.-5-5l tiempo, quize el segundo ca en otro 
    El tiempo progresivo siempre avanza, modifica el espacio y no se detiene, pero persiste el tiempo permanente.
    Por segunda vez cambié el ritmo del tiempo.
    Viajé al futuro para cambiar el presente porque el pasado pasado era y el futuro era presente.
     Viajad al futuro conmigo, que es presente, y desde el presente cambiaremos el futuro.


      
    Peter




    GLOSARIO
    Arroz pegajoso: tipo de arroz que se cultiva en Laos, se usa en la gastronomía de Tailandia y en algunas partes de China. 
    Gecko: lagarto de tamaño pequeño a mediano, perteneciente a la familia Gekkonidae que puede encontrarse en climas cálidos. Son de hábitos nocturnos y emiten ruidos chirriantes en sus interacciones con otros geckos.