• De Phnom Penh llegamos a Battambang, la segunda ciudad más importante de Camboya, aunque la mayoría de sus calles estén sin asfaltar. Allí nos propusimos hacer el guiri un poco, así que, además de visitar templos, fuimos a las únicas viñas de la zona. ¿Habíais oído hablar del vino camboyano? Yo tampoco, pero ahora ya os puedo hacer una breve descripción: de color morado, poco que ver con el tinto de los Rioja, Ribera o Cariñena, sin brillo ni cuerpo ni lágrima, de aroma intenso, tan intenso que uno frunce el ceño hasta casi cerrar los ojos, y de sabor… ¡Qué sabor! Vamos, ni el vino que vende Asunción. Yo no sé si haría unas perdices o unos boquerones…

    Battambang nos dejó un sabor agridulce y nos fuimos a Siem Riep, donde se encuentra uno de los sitios arqueológicos más impresionantes del mundo. Viajar a Camboya y no visitar los templos de Angkor es como la cerveza sin alcohol. Sientes que te falta algo.

    La región fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1992, y es que cada grabado es una obra de arte y cada piedra tallada un monumento. Es imposible acabarse los templos en tres días. Además, el bosque crece de tal manera que parece comerse a la ciudad, un curioso fenómeno que suele darse al revés.


    Aún se desconocen las causas reales por las cuales Angkor quedó despoblada. Una de las teorías dice que la conquista del imperio Khmer por parte del imperio Thai supuso el definitivo abandono de la ciudad, pero lo que realmente pasó es que las raíces de los árboles dificultaron la logística de la cerveza, y así no se puede, no hay quien soporte ese calor.
      
    GLOSARIO
    El vino que vende Asunción: el vino que vende Asunción no es blanco ni tinto ni tiene color...
    Angkor: es una región de Camboya que alojó las sucesivas capitales del Imperio Jemer durante su época de esplendor. El denominado Imperio Angkoriano dominó el sureste Asiático, desde el Mar de China hasta el Golfo de Bengala, entre los siglos IX y XV.
  • Me abrocho la correa del casco a la altura de la barbilla para no morir estrangulado y, a pesar de tener los ojos como tomates por la arena del camino, disfruto de un paisaje que me transmite paz: campos de arroz, cabañas que se sostienen por la gracia de Dios y vacas que parecen modelos de pasarela. Mientras piropeo a las vacas me pregunto cuándo van a traer máquinas al campo. Quizá sea mejor que no las traigan nunca, pues no será para facilitar el trabajo sino para producir más. Y seguro que llega antes un app para labrar la tierra que un tractor en condiciones...

    Llegamos a Koh Rong, una isla con cuatro chamizos, vegetación espesa, arena blanca y un agua tan cristalina que uno puede ver brillar el plancton cuando se baña por la noche. Pero no durará mucho, somos demasiados los que nos las damos de Indiana Jones, buscando lo auténtico o lo perdido. 

    Además, los paraísos parecen estar unidos al retroceso económico y social. Precisamente eso es lo que pasa en Camboya, un país con cierta estabilidad política desde hace apenas veinte años, después de guerras civiles, genocidios, invasiones y golpes de estado. Pero para conocer la historia es mejor que visitéis el blog de Albeiro, un colombiano residente en Camboya desde hace catorce años. Lo conocimos en el trayecto de Kampot a Sihanouk y nos dio una lección del idioma jemer, entre otras cosas. http://camboya.wordpress.com

    Después de las vacaciones en Koh Rong tocaba seguir la ruta, dirección Phnom Penh, así que nos despedimos de Serenade, Dalana y Lolo. Bueno, Lolo no era Lolo y de Dalana no estoy seguro, así que al final se quedaron con Lili, Lola y Lolo, unos niños que aprendían castellano de la misma manera que uno aprende a atarse los zapatos. A nosotros nos costó un poco más entender el simplísimo juego de La Payana...

    GLOSARIO
    La Payana: juego que se practica con cinco piedras pequeñas, que consiste en ir tomándolas del suelo al tiempo que se lanza una al aire y se vuelve a coger sin que caiga al suelo.

  • Después de un viaje intenso en el que me acordé de toda la familia del conductor varias veces, llegamos a Ha Tien, el paso fronterizo situado más al sur de Vietnam. La mafia transportista nos esperaba con los brazos abiertos para cobrarnos una pasta por cruzar a Camboya.

    Sabíamos de la existencia de un autobús a Kampot que costaba 9 dólares, pero curiosamente, nadie había oído hablar de ello, ni siquiera en las ventanillas de la estación. Todos nos decían que sólo se podía llegar en moto. Menudas risas se estaban echando los easyriders, convencidos de que acabaríamos cediendo a su última oferta de 15 dólares por persona por llevarnos al país vecino. Y menudas risas nos echamos nosotros cuando los mandamos a tomar por saco y decidimos que nos quedaríamos en aquella ciudad en medio de la nada durante el tiempo que hiciese falta, hasta descubrir a qué hora salía el autobús. Ya nos íbamos en busca de un hotel cuando aparecieron los Ángeles del Infierno de nuevo, con las alas caídas, resignados y sin ánimos de discutir: ¨ok, 10 dollars¨. ¡Genial! Logramos conectar nuestro primer derechazo.

    Ya en marcha, tocaba hacer un stop and go para que nos pusieran un nuevo sello en el pasaporte. En una caseta en medio de un camino de tierra, el policía nos pidió la documentación y 25 dólares por cabeza. - ¿¿25 dólares?? Muy bien chato, pues hasta que no cueste 20, que es su precio real, no nos movemos de aquí. Nosotros no tenemos ninguna prisa, los moteros no sé- A la tercera negativa el precio del visado bajó 5 dólares. ¡Crochet! Segundo mamporro y victoria a los puntos casi asegurada.

    Faltaba una última prueba, El Termómetro. Nos meten en otro cuartucho y un señor con bata blanca nos toma la temperatura. Parece que no tenemos fiebre pero dice que la consulta cuesta un dólar. – La consulta cuesta una mierda, eso es lo que cuesta-.  A lo que el médico alega que, por razones de seguridad, tenemos que pagarle, “por si tuviesen que rendir cuentas por alguna enfermedad que pudiésemos portar”. Total, que sacamos nuestros certificados de vacunaciones allí mismo para que echara un vistazo. El hombre se tomó su tiempo, supongo que porque el catalán no lo tenía dominado, aunque en su favor hay que decir que le puso más voluntad que otros que viven más cerca. Al final no pagamos nada y logramos “ahorrar” 23 dólares, que vienen a ser unas 3 noches de alojamiento. ¡Gancho y KO técnico!

  • Hemos recorrido el país de punta a punta y siempre por tierra para no perdernos detalle de las costumbres de la gente. ¿El resultado? Algo decepcionante.

    Puedo decir que el Phở bò está delicioso, que los lugareños son encantadores, siempre te regalan su mejor sonrisa, algunos incluso te invitan a fumar en pipa de caña o a beber licor de serpiente. Hay quien intenta comunicarse contigo, saber de dónde vienes y la edad que tienes. Por suerte aún existen unos pocos curiosos que se sienten atraídos por un par de occidentales que van con la casa a cuestas. Pero no nos engañemos, para encontrar un mínimo de romanticismo hay que currárselo, y mucho. Por desgracia abundan los ¨manguis¨, y cuando digo que abundan me refiero a un porcentaje muy alto. Del presupuesto que calculéis para vuestras vacaciones, añadid un cincuenta por ciento más para timos y estafas. -¨Habló el blanquito arrogante"- pensará alguno. Pues el que lo piense que venga a comprobarlo, y de paso que me explique las bases del sistema político, porque esto tiene de comunismo lo que el PSOE de izquierdas.

    De hecho, nos vamos después de dos semanas y media cuando la idea era estar por aquí un mes. Creo que hubiese sido diferente con una moto. Así es cómo se visita Vietnam, circulando sobre ruedas en el caos más absoluto, respetando la única norma de circulación existente, una vocecilla interior que te susurra ¨marica el último¨, indicando que es el momento de darle gas a tope y correr como si te fuera la vida en ello. Sólo de esa manera se llega al verdadero Vietnam.

    Vietnam tiene muchas cosas buenas, pero no las que yo andaba buscando en el Sudeste Asiático. Bueno, algunas sí...

    Nadie puede negarle a este pueblo su espíritu de lucha y sus ansias de crecimiento, algo que también espero encontrar en Camboya, un país víctima del genocidio para indiferencia del ¨mundo¨. O eso creo, yo ni siquiera había nacido y nunca me lo contaron en la escuela. En fin, veremos qué nos depara el futuro. Mi único deseo es dar con algún rincón que el dólar no haya prostituido. 


    GLOSARIO
    Phở bò: sopa callejera con noodles, verduras y carne de ternera.

    Manguis: chorizos, bandidos, timadores, mangantes, tramposos. Viajar por Vietnam supone mantener el estado de alerta constantemente. Y no me refiero a lo del regateo, eso es algo cultural. Lo que pasa es que siempre intentan cobrarte de más por todo, o no son transparentes cuando te informan de algo. Además hay que tener cuidado cuando se dejan maletas en el hotel.

    Genocidio en Camboya: ejecutado por el régimen maoísta de Pol Pot y los Jemeres Rojos entre 1975 y 1979.

    ¿Por qué Vietnam está prostituido por el dólar? Allá cada uno con sus ideales políticos, yo no estoy en contra del dinero, me gusta el fútbol y no he dejado de beber Coca Cola, pero el crecimiento de este país (uno de los más rápidos del mundo) dista mucho de ser sostenible, ecológico o cualquier adjetivo semi-positivo que queráis utilizar.  
  • Era un día gris y cálido de abril y los relojes daban las trece. El Chipirón, con la camisa desabrochada en su esfuerzo por burlar el molestísimo calor, se deslizó rápidamente por entre las puertas del autobús de Hanoi a Halong Bay, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que un vendedor de sombreros se colara con él.



    El interior del vehículo olía a sopa de carne y a guiri tostado. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un autobús, estaba pegado al cristal. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con perilla blanca y ojos rasgados.

    El Chipirón se dirigió hacia el puerto. Era inútil tomar un bote. No había plazas y en esta época el servicio se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Guiri. Debería ir en ferry hasta la isla de Cat Ba.

    Con sus dieciocho kilos de equipaje y un guitalele, entró lentamente, descansando varias veces por los pasillos. En cada descansillo, frente a cada puerta, el cartelón del enorme rostro miraba desde la pared. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN TOUR OPERADOR TE VIGILA, decían las palabras al pie.


    Una vez en tierra firme, el hotel donde el Chipirón había de alojarse se elevaba unos veinte metros, terraza tras terraza, y lucía sobre la fachada las tres consignas del partido:

    EL TURISTA ES DINERO
    LA LIBERTAD ES LONELY PLANET
    EL CIRCUITO ES EL CAMINO

    El Chipirón entró en su habitación y se sentó frente al ordenador. Una ráfaga de pensamientos bombardeó su cabeza: hacía apenas una semana que estaba en Vietnam y no había logrado escapar del circuito turístico, era imposible no coincidir con las mismas personas una y otra vez, los autobuses locales parecían no existir, un taxista ya le había tomado el pelo, el regateo suponía una lucha constante, sólo había un camino y todo el mundo estaba conectado.

    Cogió aire y empezó a escribir en grandes y claras mayúsculas lo siguiente:


    ABAJO EL GRAN TOUR OPERADOR
    ABAJO EL GRAN TOUR OPERADOR
    ABAJO EL GRAN TOUR OPERADOR
    ABAJO EL GRAN TOUR OPERADOR

    Una vez y otra hasta llenar media página. No pudo evitar un escalofrío de pánico. La Policía del turista lo descubriría en algún momento.


    De repente, se sobresaltó espantosamente. Habían llamado a la puerta. Nervioso, se acercó y abrió.

    Cinco miembros de La Resistencia se presentaron allí, sin cámaras de fotos ni guías de viajes, dispuestos a cerrar cada bareto del país, una noche tras otra. El Chipirón se unió a ellos sin pensárselo dos veces. Durante varios días se enfrentaron al régimen y sufrieron sus consecuencias, pagaron más de lo debido por la cerveza y el alojamiento, pero lograron escapar del recorrido, comunicarse con los lugareños e incluso comerse una mariscada por cuatro chavos.   






  • - Disculpe ¿cuál es el autobús que va de Kai Ping a Nan Ning?
    - El número 15. Sale a las 7:10h.
    - ¿De la mañana o de la tarde?
    - De la tarde.
    - Perfecto ¿y cuánto dura el trayecto?
    - Unas nueve horas.
    - Muy bien, pues dos billetes, por favor.

    Nunca olvidéis la libreta y el boli cuando viajéis. Sobre todo si pensáis ir a China o a cualquier otro país de escritura ideográfica.

    Con esa misma técnica logramos llegar a Zili y Li Yuan, donde se encuentran los diaolou, unas torres fortificadas de hormigón armado que se utilizaban para protegerse de ataques de bandidos entre 1920 y 1930.

    Después de la visita turística (aunque la verdadera atracción éramos nosotros) nos metimos en un autobús-dormitorio dirección Nan Ning. ¡Menuda nochecita! Olía a humanidad, pero a toda la humanidad junta, como dirían Faemino y Cansado. Pies con naftalina, una mezcla tan asquerosa que lo de las cucarachas correteando a medio metro de mi cabeza pasó a un segundo plano.


    ¡¡Chuāngkǒu!! ¡¡Chuāngkǒu!!

    …Ahora que había cogido el sueño… ¿Éste qué coño quiere?

    ¡¡CHUĀNGKǑU!! ¡¡CHUĀNGKǑU!!

    ¡Que no, joder, que al que le cantan los pies es al del lado!

    ¡¡CHUĀNGKǑU!! ¡¡CHUĀNGKǑU!!

    Le enseño los pasajes. No, eso no es.

    ¡¡CHUĀNGKǑU!! ¡¡CHUĀNGKǑU!!

    Vale, vale, chuangkou, le digo. Me sonríe y asiente. Cree que le he entendido. Empezamos a llevarnos bien. ¡Y va el tío y me tapa con la manta! Lo que faltaba, como no hacía calor...

    Al final me arrimo a la ventana y se va contento. ¡Acabáramos! Así que le molestaba que estuviera tumbado en el sitio de las maletas. ¿Será posible? ¿Pues no llevo toda la noche escuchando gruñidos y escupitajos y va el amigo y se pone pijo?

    ¡Se acabó, nos vamos de China! En cuanto lleguemos pillamos el primer tren hacia Vietnam.

    Pero volveremos…


    Glosario
    Escritura ideográfica: se basa en figuras que simbolizan ideas por medio de una representación icónica, conceptualizando lo que se quiere transmitir.